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Inmersión junto al tiburón blanco

Seguro que te has zambullido en el mar varias veces a lo largo de tu vida. Muchas, tal vez cientos… o miles. Seguro que has sentido emociones bajo el agua que aún hoy recuerdas. A todos nos ha pasado. Más si cabe si has buceado con botella, con snorkel, o simplemente disfrutando en el agua, dejándote llevar por el vaivén adormecedor de las olas. Seguro.

Hemos nadado junto a delfines, ballenas y tortugas marinas. Hemos sido remolcados por ellos mientras nos agarrábamos a su aleta o la cola y hasta creemos habernos comunicado con ellos de alguna manera, pero esto es difícil de explicar con nuestro limitado lenguaje humano.

WwF_gandsbaai_inigofajardo_tibus15Pero muy pocas de estas sensaciones pueden compararse a la que experimentamos cuando nos zambullimos en el reino de la criatura más formidable y mítica de los mares del planeta: el tiburón blanco. El depredador más grande que puebla el globo, el más temido y también el más desconocido. Nadie ha visto jamás el parto de una hembra de esta especie y tampoco los ojos humanos han presenciado un cortejo completo. Ni tan siquiera se sabe dónde tienen lugar. Tenemos más preguntas que respuestas sobre esta poderosa criatura y pasarán aún muchos años hasta que sus secretos mejor guardados empiecen a salir a la luz.

Pero, mientras tanto, el tiburón nos deja experimentar con él una experiencia verdaderamente única e inolvidable. Se trata de adentrarnos en su territorio, del que es el indiscutible dueño y señor.

El tiburón blanco es una criatura salvaje, indómita; una de las ya pocas que el ser humano aún no ha logrado mantener en cautividad. Todos los intentos acometidos hasta la fecha han fracasado. Es un ser libre que ha nacido para dominar los océanos.

Meterse en una jaula para disfrutar de los tiburones blancos en su medio, a escasos metros de separación, no tiene comparación en el mundo de las sensaciones.

Cuando nos sumergimos en las aguas de la isla Dyer, cerca de Gansbaai, nos daremos cuenta de que no somos nosotros quienes buscamos al tiburón; al contrario, es el escualo quien se acerca a nosotros, fruto de una mezcla primigenia de curiosidad e intención descarada de arrebatar el cebo con que es atraído al barco. Su mirada penetrante no tiene nada que ver con la fría descripción que hacen las películas sensacionalistas. Al contrario, conoceremos un ser tímido y atrevido al mismo tiempo, poderoso pero delicado. Es solo cuando el tiburón decide atacar el cebo junto a la jaula, cuando comprobaremos la asombrosa potencia de su embestida y la descomunal amplitud de sus fauces, terriblemente equipada con una de las denticiones más eficientes de cuantas han surcado los mares a lo largo de la evolución.

Como decimos, muy pocas sensaciones son comparables a la de adentrarse en el reino de la criatura más formidable del océano: el tiburón blanco.

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